La mujer inmigrante de mi país

En el diccionario inmigrar esta definido como “aquellas personas que llegan a un país para establecerse en el sin ser originario de este”.

Pero Inmigrar siempre lleva consigo una definición mucho más amplia, generalmente servida con una dosis alta de agallas y si le sumas el ingrediente de ser mujer, obtienes una pizca de estrógeno y la diversidad de la mente.

Quizás en mucho países y para muchas personas la palabra inmigración, solo sea asociada con la sección de migración de un aeropuerto en las vacaciones familiares, pero en mi país, es la respuesta que muchos encontramos como vía de escape, que a su vez representa la posibilidad de salir adelante y lograr la tranquilidad de vida que muchos merecemos.

En mi humilde opinión solo puedo narrarles la historia poniendo como punto de partida dos características relevantes, el hecho de ser MUJER e INMIGRANTE.

Todo comienza con una maleta empacada con sueños y esperanzas, en la otra mano un pasaje que significa la salida y la posibilidad de “lograrlo”, ¿Lograr qué?, la respuesta común en ese momento, ¡Lo que sea!, pero en un entorno de optimismo y oportunidades, en medio de la conmoción, las despedidas no hacen esperas y las lágrimas asoman siempre al ver un rostro conocido.

Pero debo confesar que toma al menos dos meses entender como funciona el mundo real, la sensación puede ser comparada con la simple acción de empezar a caminar, debes conocer el abanico de posibilidades que realmente ofrece cada ciudad, desde la oportunidad de adquirir alimentos importados y nacionales, hasta la capacidad de cambiar el dinero a la codiciada moneda estadounidense en una casa de cambio.

Y luego que tu mente asimila las maravillas que comparte el mundo, miras al rededor y entiendes que ya no están las mismas personas para compartirlo contigo, reflexionas y te percatas la distancia enorme entre tus seres queridos, pero lo peor es darte cuenta que ellos continúan con los ojos vendados ante una realidad que solo puede ser comparada con una de las más tenebrosas fantasía.

Una mujer, nunca olvida esos rostros que formaron parte de su crecimiento y vive día con día la imagen y la agonía de aquellos que siguen atrapados en un país en quiebra, recuerda con alegría y nostalgia la misma sangre que corre por sus venas, pero que se encuentra en un trozo de tierra y en una bandera diferente.

La mujer inmigrante de mi país, sufre al ver dibujado un tricolor con más de siete estrellas y llora en la distancia, las vidas perdidas en los intentos fallidos por conseguir la libertad, nosotras drenamos por nuestras venas valentía, amor y añoranza por todo aquellos que nos vimos obligadas a dejar.

Inmigrar para otras, no es lo mismo que para la mujer de mi país, ellas no piensan en los zapatos o el esmalte a guardar en la maleta, se piensa en todo lo que no cabe en ella, porque no solo dejan atrás un pasado sino que en muchos casos nunca podrán pisar esa tierra, mientras este rodeada del color rojo al que tanto aprendimos a odiar.

La mujer inmigrante de mi país no olvida, pero sueña y añora un futuro que aunque no ve real, lo siente.

Las mujeres inmigrantes de mi país son simplemente grandes, hermosas y valientes.

Homenaje a todas aquellas mujeres que abandonaron nuestro tricolor por el deseo de lucha y superación con el cual han sido criadas y por cuya sangre se mezcla el indio venezolano y el extranjero.

Imagen cortesía de https://www.solocruceros.com/blog/informacion-antes-de-hacer-un-crucero/, todos los derechos de autor.
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