Relato del último suspiro

Llevo tres meses postrado en está cama, veo como la gente se acerca a mí con una sonrisa falsa e intenta darme fuerzas, simplemente, no entiendo, ¿Qué  me está sucediendo?, mi cuerpo no es capaz de responder a las acciones que mi cerebro le envía, escasamente respiro.  En los momentos de soledad, reflexiono sobre cada objeto de la habitación y las cosas que aún tengo pendiente por hacer.

Tengo 80 años, mi cuerpo se ve poblado de arrugas, mis cabellos se han convertido en un blanco repentino y no he entendido que me sucede aún, tengo varios meses visitando al médico, pero nunca me permiten estar presente en el momento del diagnóstico, mi esposo, siempre tiene la mirada distante y cada noche me mira como si fuera la última.

Hoy he decidido expresar mis sentimientos, hablo con mi marido y le cuento el deseo latente que aún tengo de conocer el mundo, él acaricia mi rostro, da un enorme suspiro y baja su mirada, en ese instante entran  mis nietos a la habitación, la tristeza me consume y el dolor cada día se hace más insoportable, todo mi cuerpo se siente débil.

De pronto, corro por un camino, es un día soleado, mi cuerpo ha despertado, puedo moverme libremente, estoy rodeada de mi familia, es un día hermoso y vamos de paseo, escucho un ruido fuerte. Abro los ojos, miro a mi alrededor, me doy cuenta, sigo en la misma cama, todo fue parte de un sueño, siento un dolor tremendo, estiro mi mano para alcanzar la de mi marido, le digo cuanto lo amo.

Al día siguiente, no puedo abrir los ojos, no tengo control de mis movimientos, no se que sucede, intento gritar, pero el sonido no sale de mi boca, nadie me escucha, sigo luchando, pasan treinta minutos, comienzo a calmarme, entiendo que a pesar de mis esfuerzos no genero diferencia.

Entra el doctor en la habitación, siento como examina mi respiración, abre mis ojos y veo la luz radiante, él examina mis pupilas y vuelve a cerrar los ojos, se escucha un silencio fulminante por algunos minutos, la voz del doctor interrumpe el suspenso de la habitación, ahora comienzo a entenderlo todo, de pronto cobra sentido cada palabra en mi cabeza.

El doctor habla con mi esposo, le cuenta que he caído en un estado de coma, el cáncer ha hecho estragos en mi cuerpo. ¿Tengo cáncer?, ¡Estoy en estado de coma!, me alarmo por las noticias, pero comienzo a entender el dolor rotundo que día a día percibe mi cuerpo. ¡Tengo cáncer, estoy en estado de coma!.

El doctor continúa, ya no hay nada que podamos hacer, es mejor dejarla en casa, los cuidados que su familia le proporcione, son mejores a los recibidos en las frías clínica. Mi esposo interrumpe al médico, ¿Cuánto tiempo le queda de vida?, el doctor hace un silencio que para mí es interminable y responde, esperemos sobreviva este día.

¡Tengo cáncer!, estoy muriendo, nadie puede escucharme, no le dije a mi esposo que lo amaba el día de hoy, ya no podemos viajar juntos, tengo muchas cosas por hacer, ¿Por qué nadie me ha dicho nada?, no pueden oírme, ¡Voy a morir!.

Unas horas más tarde, siento una sensación de tranquilidad en mi cuerpo, comienzo a recuperar un poco la razón, mis familiares comienzan a entrar a la habitación, me hablan de cuanto me aman, me toman la mano, yo no puedo responder, pero, siento todo su amor, los dolores poco a poco comienzan a desvanecer.

Hago el intento de levantarme de mi cama y lo logro, miro atrás y veo aún mi cuerpo inerte, me veo tan mal, puedo ver la cara de todos y su sufrimiento, los escucho pero ellos no a mí.  Siento una voz que me habla, hay un grupo de monjas rezando a mí alrededor, ellas pueden verme y escucharme, me hacen una seña de silencio y comienzan las oraciones.

Acabo de visualizar una puerta con una luz intensa, comienzo a sentir tranquilidad en mi corazón, ya no siento miedo, ya no tengo dolor, la paz me cubre, la luz es cálida y está completamente llena de amor. Debo permanecer unas horas más en ese lugar. Aún veo como todos sufren y abrazan mi cuerpo que respira con dificultad.

Los rostros de mis familiares difuntos comienzan a aparecer en la habitación, ellos están felices de tenerme cerca, nadie pronuncia palabra, pero no es necesario, puedo sentir lo que ellos sienten, se quedan también alrededor de mi cuerpo, envían energía de paz a mi esposo, mis hijos y mis nietos.

Suena el teléfono de la habitación y la mayoría se distrae, las monjas han culminado de orar, ya han pasado cinco horas desde la visita del doctor, salen por la puerta iluminada, mis familiares también se levantan y siguen el mismo camino, el último voltea la mirada hacia mí, estira su mano y pide que lo acompañe.

Volteo y miro mi cuerpo cansado y envejecido, me despido acariciando mi propia mano y dando gracias por su lealtad, le doy un beso a cada uno de mis familiares en la mejilla, me levanto y me veo. Doy un último suspiro … y muero.

Dedicado a todos aquellos seres de luz que hoy no se encuentran a nuestro lado.

Imagen cortesía de http://recuerdosdepandora.com/ciencia/matematicas/que-probabilidad-hay-de-que-estes-respirando-una-molecula-del-ultimo-suspiro-del-cesar/, todos los derechos de autor.

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑