Los Venezolanos y la distancia

Una de las realidades a la cual muchos venezolanos se han visto en la necesidad de encontrarse es mantener las relaciones en la distancia, la situación económica, política y social de manera inevitable a forzado a muchos quienes cansados de luchar por un mejor porvenir que día a día se hace más difícil deciden meter en tres maletas (o lo que permita el peso máximo de boleto) su vida.

Los destinos de esos equipajes son innumerables, Panamá, Colombia, Chile, Argentina, Perú, Estados Unidos, Canadá, Noruega, España y hasta los rincones menos pensados encontrarán a Venezolanos que buscan una mejor opción para ellos y sus familias.

Dadas las circunstancias que hoy vive el país también debo agregar el estar en la distancia no nos hace menos Venezolanos, de igual manera vivimos el dolor de un país que tiene tantas carencias pues aún tenemos a nuestros padres, hermanos, primos, tíos en esa tierra bendita que hoy lucha por libertad, no confundamos la distancia con apatía o desinterés porque nada es más alejado a la realidad.

Hoy nuestras amistades se encuentran en países diferentes, nuestros teléfonos tiene grupos de Whatsapp con diversos códigos de áreas en una lucha por mantener las relaciones de años, en cada maquina de nuestros familiares el Skype se hace presente donde al menos tenemos el consuelo de poder realizar un vídeo llamada y sentirnos un poco más cerca de los nuestros o incluso de esa forma tan atípica compartir una cena.

No pretendo martirizarnos mediante estas letras, porque nada más alejado a la realidad, no pretendo hacer ver a esta nuestra generación una llena de dolor, solo quiero mostrar una realidad a la cual muchos son ajenos, en este tiempo recuerdo muchos amigos inmigrantes de otros países me comentan “Pero siempre se puede ir al menos de visita” y yo a título persona no lo siento tan fácil, porque al regresar “al menos de visita” sientes la sensación de tristeza en el ambiente, ves como muchos negocios que siempre fueron típicos cerraron sus puertas, te das cuenta como costumbres de siempre ahora no se hacen.

Recuerdo ver en muchos pueblos en el mes de Diciembre las casas bañadas en luces de navidad haciendo del paisaje un deleite a la vista en hora de las noche donde muchos incluso recorríamos las calles para apreciar la creatividad de cada decoración, un evento que sin duda alguna hoy no forma parte de la cultura navideña y este es solo un pequeño ejemplo que se evoca en mi memoria.

Hoy somos muchos, lejos de nuestros hogares y seres queridos luchando por superarnos, por un futuro diferente, pero siempre, siempre soñando con una Venezuela Libre.

#SOSVENEZUELA

VENEZUELA SIEMPRE LIBRE

Imagen cortesía de http://www.chilango.com/general/tips-para-armar-tu-maleta-de-viaje/, todos los derechos de autor.

 

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Tras los últimos acontecimientos suscitados en Venezuela me resulta imposible evitar dedicar una líneas a este país que por demás no solo me vío nacer sino que además colmo de bendiciones por muchos años a mi familia.

Y quizás este artículo no tenga la transcendencia que yo quisiera pero definitivamente es mejor que no hacer nada, hoy mi país se encuentra en emergencia, pide de manera desesperada al mundo un SOS una llamada de auxilio ante la negligencia de un gobierno que lejos de trabajar en pro de un pueblo los mata de hambre, los llena de odio y pone a prueba la paciencia de un pueblo.

Este gobierno que ha cambiado mi escudo, mi bandera, el nombre de mi Venezuela, un gobierno que ha convertido la riqueza de un país lleno de un hermoso porvenir en la desgracia de padecer las peores calamidades, gente MURIENDO si MURIENDO a causa de gobernantes ineficientes e inescrupulosos que no piensas en las necesidades básicas de su pueblo ALIMENTO,  SALUD, por solo nombrar los más importantes.

Hoy los venezolanos que aun continuan luchando en las calles apuestan a todo, a TODO por una Venezuela libre para regalar a sus hijos por un estado en democracia que prometa un futuro, hoy son esos heroes de la patria los que luchan por todos y a los cuales extiendo no solo mi gratitud sino mi respeto por ser valientes, únicos por ser VENEZOLANOS!!!

Muchos me pregunta mi postura ante los acontecimientos presentados, ante las marchas realizadas recientemente en Caracas y la postura del gobierno, mi respuesta siempre es la mismas, aunque yo desde mi postura no se como podamos escapar de esta dictadura SI DICTADURA, no hay otra forma de llamarla, siempre albergo en mi corazón la esperanza de volver a ser lo que fuimos en el pasado no solo libres sino con un futuro por delante, con futuro, con niños pensando en educarse, soñando a ser Ingenieros, Administradores, Abogados y no en una cola para comprar comida pensando que es así como debe vivirse la vida.

En definitiva mi repudio a un gobierno autoritario incapaz de administrar a mi Venezuela, mi desprecio por aquellos que venden sus almas en las marchas y disparan a un pueblo cansado y ansioso de libertad, mis respetos a todos quienes de una u otra forma luchan para que ese tricolor sea nuevamente libre.

VENEZUELA SIEMPRE LIBRE

#SOSVENEZUELA

Imagen cortesía de http://independent.typepad.com/elindependent/2015/02/sos-venezuela.html, todos los derechos de autor.

El último suspiro

Relato del último suspiro

Llevo tres meses postrado en está cama, veo como la gente se acerca a mí con una sonrisa falsa e intenta darme fuerzas, simplemente, no entiendo, ¿Qué  me está sucediendo?, mi cuerpo no es capaz de responder a las acciones que mi cerebro le envía, escasamente respiro.  En los momentos de soledad, reflexiono sobre cada objeto de la habitación y las cosas que aún tengo pendiente por hacer.

Tengo 80 años, mi cuerpo se ve poblado de arrugas, mis cabellos se han convertido en un blanco repentino y no he entendido que me sucede aún, tengo varios meses visitando al médico, pero nunca me permiten estar presente en el momento del diagnóstico, mi esposo, siempre tiene la mirada distante y cada noche me mira como si fuera la última.

Hoy he decidido expresar mis sentimientos, hablo con mi marido y le cuento el deseo latente que aún tengo de conocer el mundo, él acaricia mi rostro, da un enorme suspiro y baja su mirada, en ese instante entran  mis nietos a la habitación, la tristeza me consume y el dolor cada día se hace más insoportable, todo mi cuerpo se siente débil.

De pronto, corro por un camino, es un día soleado, mi cuerpo ha despertado, puedo moverme libremente, estoy rodeada de mi familia, es un día hermoso y vamos de paseo, escucho un ruido fuerte. Abro los ojos, miro a mi alrededor, me doy cuenta, sigo en la misma cama, todo fue parte de un sueño, siento un dolor tremendo, estiro mi mano para alcanzar la de mi marido, le digo cuanto lo amo.

Al día siguiente, no puedo abrir los ojos, no tengo control de mis movimientos, no se que sucede, intento gritar, pero el sonido no sale de mi boca, nadie me escucha, sigo luchando, pasan treinta minutos, comienzo a calmarme, entiendo que a pesar de mis esfuerzos no genero diferencia.

Entra el doctor en la habitación, siento como examina mi respiración, abre mis ojos y veo la luz radiante, él examina mis pupilas y vuelve a cerrar los ojos, se escucha un silencio fulminante por algunos minutos, la voz del doctor interrumpe el suspenso de la habitación, ahora comienzo a entenderlo todo, de pronto cobra sentido cada palabra en mi cabeza.

El doctor habla con mi esposo, le cuenta que he caído en un estado de coma, el cáncer ha hecho estragos en mi cuerpo. ¿Tengo cáncer?, ¡Estoy en estado de coma!, me alarmo por las noticias, pero comienzo a entender el dolor rotundo que día a día percibe mi cuerpo. ¡Tengo cáncer, estoy en estado de coma!.

El doctor continúa, ya no hay nada que podamos hacer, es mejor dejarla en casa, los cuidados que su familia le proporcione, son mejores a los recibidos en las frías clínica. Mi esposo interrumpe al médico, ¿Cuánto tiempo le queda de vida?, el doctor hace un silencio que para mí es interminable y responde, esperemos sobreviva este día.

¡Tengo cáncer!, estoy muriendo, nadie puede escucharme, no le dije a mi esposo que lo amaba el día de hoy, ya no podemos viajar juntos, tengo muchas cosas por hacer, ¿Por qué nadie me ha dicho nada?, no pueden oírme, ¡Voy a morir!.

Unas horas más tarde, siento una sensación de tranquilidad en mi cuerpo, comienzo a recuperar un poco la razón, mis familiares comienzan a entrar a la habitación, me hablan de cuanto me aman, me toman la mano, yo no puedo responder, pero, siento todo su amor, los dolores poco a poco comienzan a desvanecer.

Hago el intento de levantarme de mi cama y lo logro, miro atrás y veo aún mi cuerpo inerte, me veo tan mal, puedo ver la cara de todos y su sufrimiento, los escucho pero ellos no a mí.  Siento una voz que me habla, hay un grupo de monjas rezando a mí alrededor, ellas pueden verme y escucharme, me hacen una seña de silencio y comienzan las oraciones.

Acabo de visualizar una puerta con una luz intensa, comienzo a sentir tranquilidad en mi corazón, ya no siento miedo, ya no tengo dolor, la paz me cubre, la luz es cálida y está completamente llena de amor. Debo permanecer unas horas más en ese lugar. Aún veo como todos sufren y abrazan mi cuerpo que respira con dificultad.

Los rostros de mis familiares difuntos comienzan a aparecer en la habitación, ellos están felices de tenerme cerca, nadie pronuncia palabra, pero no es necesario, puedo sentir lo que ellos sienten, se quedan también alrededor de mi cuerpo, envían energía de paz a mi esposo, mis hijos y mis nietos.

Suena el teléfono de la habitación y la mayoría se distrae, las monjas han culminado de orar, ya han pasado cinco horas desde la visita del doctor, salen por la puerta iluminada, mis familiares también se levantan y siguen el mismo camino, el último voltea la mirada hacia mí, estira su mano y pide que lo acompañe.

Volteo y miro mi cuerpo cansado y envejecido, me despido acariciando mi propia mano y dando gracias por su lealtad, le doy un beso a cada uno de mis familiares en la mejilla, me levanto y me veo. Doy un último suspiro … y muero.

Dedicado a todos aquellos seres de luz que hoy no se encuentran a nuestro lado.

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El lienzo

En la soledad de su habitación y en medio de sus pensamientos el pintor detalla el lienzo, blanco, puro, vacío, a la espera de ser colmado de vida, a la espera de volverse famoso en el tiempo.

El lienzo, no deja de ser lienzo, hasta que toma la decisión de convertirse en la mejor obra de arte.

El lienzo realmente deja de convertirse en un punto en blanco, vació y equidistante, cuando finalmente siente en el fondo de su corazón que quiere ser algo más que el simple color blanco. Descubre entonces el querer y la necesidad de expresar cada centímetro de su ser en una constelación de colores, pertenecer a un universo de sueños y ser parte de los recordados en la historia.

El pintor, por su parte ve todo el potencial de su lienzo, lo estudia, lo analiza, lo hace participe de su mundo, le enseña y comparte cada una de sus experiencias, lo forma así como se forma la vasija del barro, de la nada.

Por su parte, el artista visualiza la obra de arte magistral que llevará al lienzo a trascender por todos los tiempos.  Pero hasta el momento en que el lienzo deja ser moldeado, pintado, hasta ese momento permite revelar el éxito que lo acompañará a lo largo del tiempo.

Las cosas más maravillosas del mundo fueron creadas desde la pasión y el amor entre el artista y su lienzo. Desde la creación del hombre hasta las constelaciones, fue un momento de entrega entre la obra y su autor.

Somos un lienzo de la vida, somos la obra de arte que queremos ser, tenemos a lo largo de nuestra existencia más de un pintor, pero de nosotros depende realmente llegar a ser una obra maestra.

Para todos aquellos que permite ser pintados y se sumergen en la pasión con su artista.

Imagen cortesía de http://www.aulafacil.com, todos los derechos de autor.

Cómo recuerdo a mi Venezuela

Como yo recuerdo a mi Venezuela

Este artículo tiene una dedicación exclusiva a mi querida Venezuela, puesto que siento, es necesario rendir un homenaje a esa tierra hermosa, que definitivamente era mucho más que dos colores en guerra, hoy con dolor en mis entrañas veo como día con día, queda mucho menos de lo que recuerdo, entonces, espero estas palabras no sean llevadas por el viento, sobrevivan en el tiempo y cuenten la historia tal y como yo recuerdo a mi Venezuela.

Como yo recuerdo a mi Venezuela, es llena de colores, en los Andes el verde de las montañas era reluciente, en algunas podías observar las hermosas siembras de verduras y flores, el olor de pureza que emanaban definitivamente tranquilizaba las más profundas de las angustias.

En las mañanas, la neblina tocaba cada una de las ventanas en las madrugadas y el frío lograban entrar por debajo de las cobijas, en cuanto los niños salían de sus casas para ir al colegio, la ciudad apenas despertaba y aún podías escuchar los pájaros cantar.

Cada trozo de mi querida Venezuela se iluminaba, por ejemplo en Mérida, los frailejones en las montañas dibujaban el paisaje, en Maracaibo, a pesar del sol inclemente, respirabas progreso combinado con la alegría de su gente, la gaita todo el año, el lago de Maracaibo, su maravilloso puente, el queso de mano, los dulces típicos y los balancines.

Al visitar sus playas, ya sea en Cumaná, Margarita o Puerto La Cruz, simplemente hermosas, podías encontrar a los niños bañándose en las orillas o tratando de pescar alguna presa marina, el salitre del mar tocaba tu rostro casi como un saludo de bienvenida.

Como yo recuerdo a mi Venezuela, es con una capital radiante, la hermosa Caracas, albergaba una mezcla de caraqueños, venezolanos de todos los estados, enriqueciéndose con la cultura extranjera, orgullosos de su metro, la plaza Francia, el aeropuerto de Maiquetía y otras tantas obras, muchas de ellas herencia del período de Marcos Pérez Jiménez.

Como yo recuerdo a mi Venezuela, es con casas de cambios en todos los rincones, agencias de viajes, anaqueles llenos de comida nacional e internacional, con la riqueza cultural, con bolívares, el nombre de nuestra verdadera moneda “El Bolívar”.

Recuerdo a los venezolanos viajando a cualquier parte del mundo, felices sin limitaciones, antes, los padres de muchos venezolanos enviaban a sus hijos a estudiar al extranjero con la certeza de verlos regresar y regalarles al país todo aquello que habían aprendido.

Como yo recuerdo a mi Venezuela, no la recuerdan muchos, yo rindo homenaje a esa hermosa bandera tricolor con sus siete estrellas, su escudo radiante con el caballo mirando hacia atrás, pienso que eso nunca debió cambiar, de vez en cuando es bueno mirar al pasado, recordar todo lo vivido entender quiénes somos y porque, si bien es cierto, es necesario vivir el presente y trabajar por el futuro, no debemos abandonar todo lo acontecido en el pasado.

Yo recuerdo a una Venezuela sin divisiones, con familias unidas, con generaciones llenas de esperanza, con la fuerzas armadas protegiéndonos y con los civiles sintiéndose protegidos, recuerdo a las amas de casa, aquellas mujeres que podían cuidar a sus hijos porque un salario era suficiente.

¿Cómo recuerdo a Venezuela?, con gente alegre, feliz, orgullosa de su Amazonas y el Salto Ángel, siendo de las primeras en producción petrolera, con universidades y maestros de calidad, con libros de historia, pero la verdadera, la historia en la cual fuimos liberados por Simón Bolívar y no por algún fanático izquierdista.

Lamento que solo yo recuerde, lamento que muchas generaciones no puedan verla, porque era vibrante y se llamaba República de Venezuela, ese es el nombre por el cual muchos la conocemos, artistas internacionales buscaban lugar para presentarse en televisión nacional, Rocío Dúrcal, Juan Gabriel y muchos otros pisaron nuestro suelo maravillados por lo ofrecido.

Recuerdo a las mises venezolanas recibiendo su nombramiento como “Miss Venezuela”, en los mejores shows.

En la Venezuela que yo recuerdo, los Diciembre estaban llenos de luces, gaitas, pavos, ensaladas, hallacas, golosinas, chocolates, fuegos artificiales, niños patinando en las calles, las famosas paraduras del niño, todo eso era MI VENEZUELA, en mayúsculas con orgullo y de corazón.

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Las mujeres somos de otro planeta

Las mujeres somos de otro planeta

El autor JOHN GRAY, escribió el libro titulado “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus”, en mi opinión uno de los textos más acertados en cuanto a la diferencia de genero se refiere, definitivamente las mujeres somos de otro planeta, nuestro sexto sentido, capacidad de lógica y demostraciones de afectivas, funcionan en una sincronía diferente a la del hombre.

Una mujer tiene la capacidad de sentir el dolor ajeno, para nosotras, el mundo es un sitio lleno de posibilidades, desde pequeñas, tenemos la capacidad de ejecutar más de una actividad a la vez, y muchas veces no logramos entender las incapacidades del sexo opuesto en cuanto al multi task (tarea) se refiere.

Cuando una mujer abre su corazón, regala acceso a su único y exclusivo mundo, progresivamente, otorga llaves a cada una de sus puertas, la puerta del miedo, la ternura, las inseguridades, los sueños y puntos débiles, pero, llegar allí no es fácil y lleva consigo una responsabilidad, que puede resultar muy pesada para algunos, si bien es cierto cualquiera puede lograr esta hazaña, el privilegio puede ser arrebatado en cualquier momento y sin previo aviso.

Cada mujer tiene límites y leyes diferentes auto establecidas, una vez que los mismo son sobrepasados, entonces, el trabajo es completamente agotador para recuperar el lugar previamente establecido y estas leyes, claro están aplica para ambos sexos.

Definitivamente las mujeres somos de otro planeta, en el cual los gestos y las señales son un medio de comunicación eficaz pues las palabras directas no son la primera alternativa. Para una mujer el lenguaje corporal es fácil de leer, al estar en un medio determinado, tenemos la capacidad de adelantarnos a los hechos y proporcionar las herramientas que otra persona (sea hombre o mujer) puedan necesitar para ejecutar una determinada labor.

Nuestro sexto sentido, puede indicarnos tomar una ruta alternativa ese día, entender la lejanía en la cual vive nuestra pareja, identificar oportunidades, destrezas estas que no posee nuestro amado sexo opuesto.

En el maravilloso planeta de la mujer, los sentimientos y momentos se viven con toda la intensidad del caso y es completamente apropiado demostrarlos.

Las mujeres somos de otro planeta, pero nuestra inteligencia y capacidades nos han permitido adaptarnos, no solo eso, además hemos logrado comunicarnos y enseñar a una raza completamente diferente y necesaria, somos el pilar de la familia, el orgullo de nuestro padres.

En definitiva somos la maravillosa raza de otro planeta.

Imagen cortesía de http://blog.nataliacartolini.com/algunos-seres-alla-afuera-pueden-estar-escuchando/, todos los derechos de autor.

La mujer inmigrante de mi país

La mujer inmigrante de mi país

En el diccionario inmigrar esta definido como “aquellas personas que llegan a un país para establecerse en el sin ser originario de este”.

Pero Inmigrar siempre lleva consigo una definición mucho más amplia, generalmente servida con una dosis alta de agallas y si le sumas el ingrediente de ser mujer, obtienes una pizca de estrógeno y la diversidad de la mente.

Quizás en mucho países y para muchas personas la palabra inmigración, solo sea asociada con la sección de migración de un aeropuerto en las vacaciones familiares, pero en mi país, es la respuesta que muchos encontramos como vía de escape, que a su vez representa la posibilidad de salir adelante y lograr la tranquilidad de vida que muchos merecemos.

En mi humilde opinión solo puedo narrarles la historia poniendo como punto de partida dos características relevantes, el hecho de ser MUJER e INMIGRANTE.

Todo comienza con una maleta empacada con sueños y esperanzas, en la otra mano un pasaje que significa la salida y la posibilidad de “lograrlo”, ¿Lograr qué?, la respuesta común en ese momento, ¡Lo que sea!, pero en un entorno de optimismo y oportunidades, en medio de la conmoción, las despedidas no hacen esperas y las lágrimas asoman siempre al ver un rostro conocido.

Pero debo confesar que toma al menos dos meses entender como funciona el mundo real, la sensación puede ser comparada con la simple acción de empezar a caminar, debes conocer el abanico de posibilidades que realmente ofrece cada ciudad, desde la oportunidad de adquirir alimentos importados y nacionales, hasta la capacidad de cambiar el dinero a la codiciada moneda estadounidense en una casa de cambio.

Y luego que tu mente asimila las maravillas que comparte el mundo, miras al rededor y entiendes que ya no están las mismas personas para compartirlo contigo, reflexionas y te percatas la distancia enorme entre tus seres queridos, pero lo peor es darte cuenta que ellos continúan con los ojos vendados ante una realidad que solo puede ser comparada con una de las más tenebrosas fantasía.

Una mujer, nunca olvida esos rostros que formaron parte de su crecimiento y vive día con día la imagen y la agonía de aquellos que siguen atrapados en un país en quiebra, recuerda con alegría y nostalgia la misma sangre que corre por sus venas, pero que se encuentra en un trozo de tierra y en una bandera diferente.

La mujer inmigrante de mi país, sufre al ver dibujado un tricolor con más de siete estrellas y llora en la distancia, las vidas perdidas en los intentos fallidos por conseguir la libertad, nosotras drenamos por nuestras venas valentía, amor y añoranza por todo aquellos que nos vimos obligadas a dejar.

Inmigrar para otras, no es lo mismo que para la mujer de mi país, ellas no piensan en los zapatos o el esmalte a guardar en la maleta, se piensa en todo lo que no cabe en ella, porque no solo dejan atrás un pasado sino que en muchos casos nunca podrán pisar esa tierra, mientras este rodeada del color rojo al que tanto aprendimos a odiar.

La mujer inmigrante de mi país no olvida, pero sueña y añora un futuro que aunque no ve real, lo siente.

Las mujeres inmigrantes de mi país son simplemente grandes, hermosas y valientes.

Homenaje a todas aquellas mujeres que abandonaron nuestro tricolor por el deseo de lucha y superación con el cual han sido criadas y por cuya sangre se mezcla el indio venezolano y el extranjero.

Imagen cortesía de https://www.solocruceros.com/blog/informacion-antes-de-hacer-un-crucero/, todos los derechos de autor.

Mirada al mundo

Estefanía se encontraba sentada en la mesa de la cafetería, únicamente se enfocaba el ver el horizonte que proporcionaba la inmensa vidriera y detallaba la gente al pasar, casi como examinándolos, en un juego de ser “detective” y encontrar una particularidad en cada uno de los escenarios.

Ella, Estefanía, un amor que jamás imagine encontrar pero que sin saberlo robaba cada día un poco de mi corazón y yo con plena consciencia de todo se lo permitía, la dejaba que me sumergiera en su mundo, tomaba su mano y caminaba a su lado, tan a la par, sin preocupaciones, el único pensamiento que me acompañaba en esos lapsos de tiempo era la felicidad de saber que hoy se encontraba a mi lado y lo feliz que era de haberla tenido en mi camino.

¿Qué haces?, ¿A quién espías? Le pregunte.

A la vida misma, me respondió con suma calma mientras se llevaba la taza de café caliente a la boca.

A la vida.

Juan, dijo ella en una voz tenue y calmada mientras seguía mirando la calle.  Cuando nos detenemos a ver a nuestro alrededor entramos en contacto con la vida misma, nos humanizamos ante las realidades del otro, sentimos compasión, compartimos felicidades, somos capaces de ser uno con un ajeno.

Subí mi ceja e hice un gesto que le dio a entender no entendía una sola palabra de lo que ella decía.

Entonces me miro y dijo, hagamos un ejercicio para que entiendas a que me refiero.

¿Ver aquella mujer sentada en la calle con una niña en sus brazos pidiendo dinero?

Si, dije. Una de las tantas desempleadas del país dispuesta a parir y parir sin accionar, sin reaccionar y conformándose con lo poco que le dan.

Eso podría ser cierto de manera superflua, pero también hay mucho más que ver en ese cuadro, mira como la mayoría de las personas que pasa frente a ella la mira con desprecio, no solo a ella sino también a su hija, imagina el impacto que tiene esa niña sobre sus hombros al ver día a día un mundo tan hostil, tan indiferente, tan lleno de odio, que lejos de hacerla crecer orgullosa de lo que es siembra el rencor innecesariamente.

Me hizo pensar en ello unos cuantos segundos.

Su voz interrumpió el silencio diciendo, ahora no todo es malo, mira la ansiada que está sentada en esa mesa y disfruta de la sonrisa que lleva al ver como su nieta le cuenta la aventura que tuvo hoy en el colegio. Simplemente escúchala.

Miramos con ternura a la niña en la mesa contigua a la nuestra y escuchamos el relato que le contaba a su abuela.

Niña: Me miro y me quiso tomar la mano.

Abuela: ¿Qué hiciste?

Niña: Le dije que no. Levantando su dedo índice para hacer una señal de alto y con un gesto firme, lo más firme que se podía en una niña de seis años.

Porque le dije primero hay que preguntarle a Papá, no podemos ser novios sin preguntarle.

Abuela: Sonrió.- Eso me parece muy bien.

Niña: Y sí, porque las cosas o se hacen bien o no se hacen abuela, eso dice mi mamá y si de verdad me ama entonces hablará con papá.

Fue inevitable que soltáramos una carcajada en conjunto con la abuela, quien nos miró y compartió el momento de felicidad con nosotros.

Estefanía me miro y dijo ves como la felicidad puede ser compartida con otros, cada instante Juan que nos detenemos a mirar realmente nuestro alrededor podemos sorprendernos, porque entonces somos capaces de darnos cuenta que seguramente nuestros problemas no son los más graves, pero por sobre todo que es un mundo en el cual si lo permitimos podemos dar paso a otros en nuestras vidas, aunque sea para dar una mirada y robar una sonrisa.

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Por Mariangel Vitos.