Miedos

Mi cuerpo ha perdido por completo el movimiento de cada uno de sus músculos, mis huesos han quedado inertes en el tiempo y en consecuencia yo completamente paralizada en la mitad del camino, sin la más mínima capacidad de reacción, justo en la mitad, con el viento en mi contra como haciendo fuerza para que cada movimiento sea a su vez más y más complejo, de ambos lado dos enormes maletas que albergan toda una vida, debería ser más fácil está vez y aun así me cuesta mantener la calma, tengo miedo a perder el equilibrio, a desbalancearme en esa cuerda floja que llamamos vida a la cual le tengo un respeto hoy más que nunca, pues a pesar de demostrarme una y otra vez que me ama ella también ha tenido mano dura hacia conmigo y en esos instantes ha sido completamente implacable.

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El lienzo

En la soledad de su habitación y en medio de sus pensamientos el pintor detalla el lienzo, blanco, puro, vacío, a la espera de ser colmado de vida, a la espera de volverse famoso en el tiempo.

El lienzo, no deja de ser lienzo, hasta que toma la decisión de convertirse en la mejor obra de arte.

El lienzo realmente deja de convertirse en un punto en blanco, vació y equidistante, cuando finalmente siente en el fondo de su corazón que quiere ser algo más que el simple color blanco. Descubre entonces el querer y la necesidad de expresar cada centímetro de su ser en una constelación de colores, pertenecer a un universo de sueños y ser parte de los recordados en la historia.

El pintor, por su parte ve todo el potencial de su lienzo, lo estudia, lo analiza, lo hace participe de su mundo, le enseña y comparte cada una de sus experiencias, lo forma así como se forma la vasija del barro, de la nada.

Por su parte, el artista visualiza la obra de arte magistral que llevará al lienzo a trascender por todos los tiempos.  Pero hasta el momento en que el lienzo deja ser moldeado, pintado, hasta ese momento permite revelar el éxito que lo acompañará a lo largo del tiempo.

Las cosas más maravillosas del mundo fueron creadas desde la pasión y el amor entre el artista y su lienzo. Desde la creación del hombre hasta las constelaciones, fue un momento de entrega entre la obra y su autor.

Somos un lienzo de la vida, somos la obra de arte que queremos ser, tenemos a lo largo de nuestra existencia más de un pintor, pero de nosotros depende realmente llegar a ser una obra maestra.

Para todos aquellos que permite ser pintados y se sumergen en la pasión con su artista.

Imagen cortesía de http://www.aulafacil.com, todos los derechos de autor.

Cómo recuerdo a mi Venezuela

Como yo recuerdo a mi Venezuela

Este artículo tiene una dedicación exclusiva a mi querida Venezuela, puesto que siento, es necesario rendir un homenaje a esa tierra hermosa, que definitivamente era mucho más que dos colores en guerra, hoy con dolor en mis entrañas veo como día con día, queda mucho menos de lo que recuerdo, entonces, espero estas palabras no sean llevadas por el viento, sobrevivan en el tiempo y cuenten la historia tal y como yo recuerdo a mi Venezuela.

Como yo recuerdo a mi Venezuela, es llena de colores, en los Andes el verde de las montañas era reluciente, en algunas podías observar las hermosas siembras de verduras y flores, el olor de pureza que emanaban definitivamente tranquilizaba las más profundas de las angustias.

En las mañanas, la neblina tocaba cada una de las ventanas en las madrugadas y el frío lograban entrar por debajo de las cobijas, en cuanto los niños salían de sus casas para ir al colegio, la ciudad apenas despertaba y aún podías escuchar los pájaros cantar.

Cada trozo de mi querida Venezuela se iluminaba, por ejemplo en Mérida, los frailejones en las montañas dibujaban el paisaje, en Maracaibo, a pesar del sol inclemente, respirabas progreso combinado con la alegría de su gente, la gaita todo el año, el lago de Maracaibo, su maravilloso puente, el queso de mano, los dulces típicos y los balancines.

Al visitar sus playas, ya sea en Cumaná, Margarita o Puerto La Cruz, simplemente hermosas, podías encontrar a los niños bañándose en las orillas o tratando de pescar alguna presa marina, el salitre del mar tocaba tu rostro casi como un saludo de bienvenida.

Como yo recuerdo a mi Venezuela, es con una capital radiante, la hermosa Caracas, albergaba una mezcla de caraqueños, venezolanos de todos los estados, enriqueciéndose con la cultura extranjera, orgullosos de su metro, la plaza Francia, el aeropuerto de Maiquetía y otras tantas obras, muchas de ellas herencia del período de Marcos Pérez Jiménez.

Como yo recuerdo a mi Venezuela, es con casas de cambios en todos los rincones, agencias de viajes, anaqueles llenos de comida nacional e internacional, con la riqueza cultural, con bolívares, el nombre de nuestra verdadera moneda “El Bolívar”.

Recuerdo a los venezolanos viajando a cualquier parte del mundo, felices sin limitaciones, antes, los padres de muchos venezolanos enviaban a sus hijos a estudiar al extranjero con la certeza de verlos regresar y regalarles al país todo aquello que habían aprendido.

Como yo recuerdo a mi Venezuela, no la recuerdan muchos, yo rindo homenaje a esa hermosa bandera tricolor con sus siete estrellas, su escudo radiante con el caballo mirando hacia atrás, pienso que eso nunca debió cambiar, de vez en cuando es bueno mirar al pasado, recordar todo lo vivido entender quiénes somos y porque, si bien es cierto, es necesario vivir el presente y trabajar por el futuro, no debemos abandonar todo lo acontecido en el pasado.

Yo recuerdo a una Venezuela sin divisiones, con familias unidas, con generaciones llenas de esperanza, con la fuerzas armadas protegiéndonos y con los civiles sintiéndose protegidos, recuerdo a las amas de casa, aquellas mujeres que podían cuidar a sus hijos porque un salario era suficiente.

¿Cómo recuerdo a Venezuela?, con gente alegre, feliz, orgullosa de su Amazonas y el Salto Ángel, siendo de las primeras en producción petrolera, con universidades y maestros de calidad, con libros de historia, pero la verdadera, la historia en la cual fuimos liberados por Simón Bolívar y no por algún fanático izquierdista.

Lamento que solo yo recuerde, lamento que muchas generaciones no puedan verla, porque era vibrante y se llamaba República de Venezuela, ese es el nombre por el cual muchos la conocemos, artistas internacionales buscaban lugar para presentarse en televisión nacional, Rocío Dúrcal, Juan Gabriel y muchos otros pisaron nuestro suelo maravillados por lo ofrecido.

Recuerdo a las mises venezolanas recibiendo su nombramiento como “Miss Venezuela”, en los mejores shows.

En la Venezuela que yo recuerdo, los Diciembre estaban llenos de luces, gaitas, pavos, ensaladas, hallacas, golosinas, chocolates, fuegos artificiales, niños patinando en las calles, las famosas paraduras del niño, todo eso era MI VENEZUELA, en mayúsculas con orgullo y de corazón.

Imagen cortesía de http://www.flisol.org.ve/, todos los derechos de autor.

Las mujeres somos de otro planeta

Las mujeres somos de otro planeta

El autor JOHN GRAY, escribió el libro titulado “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus”, en mi opinión uno de los textos más acertados en cuanto a la diferencia de genero se refiere, definitivamente las mujeres somos de otro planeta, nuestro sexto sentido, capacidad de lógica y demostraciones de afectivas, funcionan en una sincronía diferente a la del hombre.

Una mujer tiene la capacidad de sentir el dolor ajeno, para nosotras, el mundo es un sitio lleno de posibilidades, desde pequeñas, tenemos la capacidad de ejecutar más de una actividad a la vez, y muchas veces no logramos entender las incapacidades del sexo opuesto en cuanto al multi task (tarea) se refiere.

Cuando una mujer abre su corazón, regala acceso a su único y exclusivo mundo, progresivamente, otorga llaves a cada una de sus puertas, la puerta del miedo, la ternura, las inseguridades, los sueños y puntos débiles, pero, llegar allí no es fácil y lleva consigo una responsabilidad, que puede resultar muy pesada para algunos, si bien es cierto cualquiera puede lograr esta hazaña, el privilegio puede ser arrebatado en cualquier momento y sin previo aviso.

Cada mujer tiene límites y leyes diferentes auto establecidas, una vez que los mismo son sobrepasados, entonces, el trabajo es completamente agotador para recuperar el lugar previamente establecido y estas leyes, claro están aplica para ambos sexos.

Definitivamente las mujeres somos de otro planeta, en el cual los gestos y las señales son un medio de comunicación eficaz pues las palabras directas no son la primera alternativa. Para una mujer el lenguaje corporal es fácil de leer, al estar en un medio determinado, tenemos la capacidad de adelantarnos a los hechos y proporcionar las herramientas que otra persona (sea hombre o mujer) puedan necesitar para ejecutar una determinada labor.

Nuestro sexto sentido, puede indicarnos tomar una ruta alternativa ese día, entender la lejanía en la cual vive nuestra pareja, identificar oportunidades, destrezas estas que no posee nuestro amado sexo opuesto.

En el maravilloso planeta de la mujer, los sentimientos y momentos se viven con toda la intensidad del caso y es completamente apropiado demostrarlos.

Las mujeres somos de otro planeta, pero nuestra inteligencia y capacidades nos han permitido adaptarnos, no solo eso, además hemos logrado comunicarnos y enseñar a una raza completamente diferente y necesaria, somos el pilar de la familia, el orgullo de nuestro padres.

En definitiva somos la maravillosa raza de otro planeta.

Imagen cortesía de http://blog.nataliacartolini.com/algunos-seres-alla-afuera-pueden-estar-escuchando/, todos los derechos de autor.

Mirada al mundo

Estefanía se encontraba sentada en la mesa de la cafetería, únicamente se enfocaba el ver el horizonte que proporcionaba la inmensa vidriera y detallaba la gente al pasar, casi como examinándolos, en un juego de ser “detective” y encontrar una particularidad en cada uno de los escenarios.

Ella, Estefanía, un amor que jamás imagine encontrar pero que sin saberlo robaba cada día un poco de mi corazón y yo con plena consciencia de todo se lo permitía, la dejaba que me sumergiera en su mundo, tomaba su mano y caminaba a su lado, tan a la par, sin preocupaciones, el único pensamiento que me acompañaba en esos lapsos de tiempo era la felicidad de saber que hoy se encontraba a mi lado y lo feliz que era de haberla tenido en mi camino.

¿Qué haces?, ¿A quién espías? Le pregunte.

A la vida misma, me respondió con suma calma mientras se llevaba la taza de café caliente a la boca.

A la vida.

Juan, dijo ella en una voz tenue y calmada mientras seguía mirando la calle.  Cuando nos detenemos a ver a nuestro alrededor entramos en contacto con la vida misma, nos humanizamos ante las realidades del otro, sentimos compasión, compartimos felicidades, somos capaces de ser uno con un ajeno.

Subí mi ceja e hice un gesto que le dio a entender no entendía una sola palabra de lo que ella decía.

Entonces me miro y dijo, hagamos un ejercicio para que entiendas a que me refiero.

¿Ver aquella mujer sentada en la calle con una niña en sus brazos pidiendo dinero?

Si, dije. Una de las tantas desempleadas del país dispuesta a parir y parir sin accionar, sin reaccionar y conformándose con lo poco que le dan.

Eso podría ser cierto de manera superflua, pero también hay mucho más que ver en ese cuadro, mira como la mayoría de las personas que pasa frente a ella la mira con desprecio, no solo a ella sino también a su hija, imagina el impacto que tiene esa niña sobre sus hombros al ver día a día un mundo tan hostil, tan indiferente, tan lleno de odio, que lejos de hacerla crecer orgullosa de lo que es siembra el rencor innecesariamente.

Me hizo pensar en ello unos cuantos segundos.

Su voz interrumpió el silencio diciendo, ahora no todo es malo, mira la ansiada que está sentada en esa mesa y disfruta de la sonrisa que lleva al ver como su nieta le cuenta la aventura que tuvo hoy en el colegio. Simplemente escúchala.

Miramos con ternura a la niña en la mesa contigua a la nuestra y escuchamos el relato que le contaba a su abuela.

Niña: Me miro y me quiso tomar la mano.

Abuela: ¿Qué hiciste?

Niña: Le dije que no. Levantando su dedo índice para hacer una señal de alto y con un gesto firme, lo más firme que se podía en una niña de seis años.

Porque le dije primero hay que preguntarle a Papá, no podemos ser novios sin preguntarle.

Abuela: Sonrió.- Eso me parece muy bien.

Niña: Y sí, porque las cosas o se hacen bien o no se hacen abuela, eso dice mi mamá y si de verdad me ama entonces hablará con papá.

Fue inevitable que soltáramos una carcajada en conjunto con la abuela, quien nos miró y compartió el momento de felicidad con nosotros.

Estefanía me miro y dijo ves como la felicidad puede ser compartida con otros, cada instante Juan que nos detenemos a mirar realmente nuestro alrededor podemos sorprendernos, porque entonces somos capaces de darnos cuenta que seguramente nuestros problemas no son los más graves, pero por sobre todo que es un mundo en el cual si lo permitimos podemos dar paso a otros en nuestras vidas, aunque sea para dar una mirada y robar una sonrisa.

Imagen cortesía de http://www.freejpg.com.ar/free/info/100007652/mujer-mirando-por-la-ventana, todos los derechos de autor.

Por Mariangel Vitos.